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miércoles, 31 de julio de 2013

Volver a volver...

Pues si. De vuelta. O, al menos, amenazando con hacerlo. Y esta vez, como todas, va en serio.

Poniendo en orden ideas, documentos y sensaciones, ya reuní la voluntad necesaria y la mejor intención, y vuelvo a dar el primer paso, confiando en que no sea, como la canción, para volver a volver como he vuelto mil veces.

Ésta es la buena...espero que así sea.
Y si no, ¡siempre podré volver a volver!.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Encuentro, reencuentros y desencuentros.



Por fin de vuelta de estas vacaciones, ciertamente forzadas, pero vacaciones al fin y al cabo,... y como reza el tema que encabeza este post, con la más dulce de las disposiciones vuelvo a dar señales de vida, con las pilas no del todo cargadas, pero con la vida completamente cambiada.

Podría resumir este paréntesis, coincidente con el verano que aún expira, como el de los encuentros, reencuentros y desencuentros, sin lugar a dudas.

De desencuentros con la sociedad, con el mundo y la era que me ha tocado vivir, con la amistad, con el hogar y sus conceptos... y conmigo misma.

De reencuentros deliciosos, entrañables, producidos como hitos que han demorado varios años, quizás demasiados, y que sin embargo guardan la esencia de lo cotidiano, la familiaridad de lo auténtico,  el entusiasmo conservado en formol de aquellas épocas pasadas de las que sólo acuden a la memoria los momentos buenos y felices.

Pero sobre todo, encuentro. El Encuentro. En singular y con mayúscula.Y no, no ha sido el encuentro que esperaba, aquél por el que estoy buscando. Súbito y totalmente involuntario, inconsciente, hasta indeseado en un principio,...pero inevitable, ha venido a tambalear mis cimientos vitales, a replantear y relativizar mis esquemas y mis ideas...y, sobre todo, y lo más importante, ha vuelto a traer alegría e ilusión a mi vida. Bendito Encuentro.

Pues bien, enunciados los titulares de las que irán siendo sucesivas entradas del blog, simplemente quería desear bonne rentrée a los que se incorporan a sus rutinas diarias antojándoseles ya lejano y corto el verano, y ánimo a los que queden por incorporar.

Saludos ¿posvacacionales? de La Maroma.


domingo, 22 de julio de 2012

Momento: decidiendo morir.



Después de leerla febrilmente, casi de estudiar la novela como si fuera a pasar un examen final, Berenice concluyó, tristemente, que en su caso sería más difícil de lo que había imaginado.

Había elegido meticulosamente la obra, se había informado meticulosamente y creía conocer todo lo que debía saber sobre el tema. Compró la mejor edición que encontró en su librería habitual, pensando que no debía escatimar en el gasto que supodría el paso más decisivo de su vida, y se entregó a el con la convicción de que obtendría las claves para esa muerte que llevaba tiempo planeando y que, como el título de la novela, había decidido con firmeza llevar a cabo.

Sin embargo, desde sus primeras líneas, no pudo evitar sentirse en cierta medida frustrada, consciente de que su muerte perfecta no saldría como ella esperaba, que no podría emular a la protagonista de la novela en su propia decisión de morir.

Para empezar, su premeditado óbito carecería de una nota de suicidio impactante, trascendental, digna de su acción. Porque ella no sólo sabía dónde estaba Eslovenia, sino que había visitando su capital, Ljubljana, e incluso, se había permitido el lujo de hacerse auqellas divertidas fotografías en la Plaza Preseren.

 
No obstante, el dato de la nacionalidad eslovena de la protagonista no fue el comienzo de su desilusión fúnebre, más bien al contrario, quiso verlo como una suerte de señal o designio que la animaba en su propósito. Pero siguió leyendo, y fue constatando a cada párrafo cuán diferente resultaba la situación de la novela de la suya propia.

Mientras almorzaba en una terraza de una céntrica plaza barcelonesa, disfrutando del anonimato y la paz que le brindaba su entorno, devoraba cada página de la novela, alimentando cada una de ellas su frustración. Se dió cuenta de que ella, en realidad, no había decidido morir. Ella era, simplemente, una cobarde.

Porque la suya no era la vida perfecta que se describía en la novela, no era la rutina y la falta de aspiraciones lo que la empujaban al suicidio. Ella se sentía tremendamente infeliz, y no era sino el miedo lo que la gobernaba.

A sus "veintitodos" años, tras muchos años de esfuerzos dedicados a los estudios, a una profesión que le apasionaba, se había visto obligada a dar un parón a la meteórica progresión de su carrera, a dejar aparcada su estimulante e independiente vida en solitario para volver al punto de partida, a reconocer el que concebía como su mayor fracaso: volver a casa de sus padres.

Acogida por sus padres, (a los que, por otra parte, adoraba) arrancada de su hábitat, su ciudad, alejada de sus amigos, abandonada por el hombre a quien amó y que no conseguía olvidar, y además, a causa de la ansiedad que su situación le provocaba, asqueada de su propio cuerpo, puesto que estaba engordando y veía la que otrora fue su esbelta figura flácida y, a sus ojos, amorfa.

Ni siquiera sus intentos de convertirse, con estas mimbres, en una literata atormentada estaban dando sus frutos, pues sus fantasmas la bloqueaban y afloraban sus complejos. Por tanto, sólo acudía a su mente como única salida el suicidio. Para ello debía reunir el valor necesario, dado que su plan inicial se había visto saboteado por la novela que ella había pensado seguir como un manual.

No funcionaría una sobedosis. Necesitaba un subidón de adrenalina. Acelerar en una curva. Eso haría: la próxima vez que condujera su coche sola buscaría una curva con la suficiente altitud  y un bonito paisaje como marco, y pisaría a fondo el acelerador. Sí, eso haría.

Con determinación, cerró la manoseada novela de Paulo Coelho, pagó la cuenta y abandonó parsimoniosamente el restaurante mientras encendía un cigarrillo cuando, de repente, sonó el teléfono.

Terminada la consersación, tan vanal e intrascendente como cualquier otra, guardó su teléfono móvil en el bolso, encendió otro cigarrillo y, dando un brusco giro, enfiló la calle volviendo sobre sus propios pasos.

Lo iba a hacer. Aceleraría en un curva. No inmediatamente, sino que lo pospondría hasta que terminara lo que en ese momento tenía entre manos. Inconscientemente, se dibujó una sonrisa de satisfacción en sus labios: ahora sí que lo había decidido. Había decidido morir.





sábado, 14 de julio de 2012

Delicatessen


Esta semana (casualmente, coincidiendo con la celebración del Día de la República francesa) me he regalado el placer de unas buenas sesiones de cine francés, que me apasiona. Es curioso cómo la cultura francesa, su idioma, gastronomía, artes y costumbres se odian o se aman; en todo caso, a nadie dejan indiferente. Yo adoro Francia y todo lo francés.

En cuanto al cine galo, me apasiona la naturalidad y frescura de su fotografía y su forma de contar las cosas, la poesía aparentemente inconsciente contenida en cada fotograma, los actores y actrices franceses, que me parecen, simplemente, fascinantes; y que la música, los silencios, las miradas, los gestos y los colores comparten la importancia de los diálogos y las palabras, siempre escogidas con acierto y mesura. Pues bien, no quería dejar de comentar las películas que he disfrutado esta semana (en versión original, por supuesto, ¡cómo no deleitarme con un idioma tan hermoso!).

En primer lugar, tirando de clásicos, emitían en La Sexta 3 (magnífico canal, por cierto...para mi gusto, junto con el Paramount, lo mejor de la TDT) Trois Couleurs: Bleu (Tres colores: azul).


La trilogía completa de Kiéslowki está considerada por muchos críticos como una obra de arte del cine; ésta primera película, en el que la música y el color azul, símbolo de la libertad, adquiere un protagonismo parejo a la emblemática  y enorme Juliette Binoche; si bien es cierto que su ritmo narrativo lento, los escasos diálogos y el juego de sugerencias y sutilezas de la cinta responden al paradigma de "cine de autor", que desprende poesía y grandeza en cada fotograma, pero que para el espectador que no esté acostumbrado a este tipo de filmes, puede llegarle a aburrir. No es mi caso, a mi me cautivó (curiosamente, ha sido la última de la trilogía que me quedaba por ver, empecé por el blanco y seguí con el rojo...sí, a veces soy así de estrambótica y hago cosas como estas...me pasa como con los libros: lo primero que leo cada vez que abro un libro es la última frase del mismo....)

Continué con otra película que se está revelando como Los puentes de Madison francesa. Me refiero a Mademoiselle Chambon. 

Es una pieza musical deliciosa de piano y violín (aunque, en labios de su protagonista, a veces el violín suena mejor solo.) Armoniosa hasta decir basta, inusitadamente romántica (resulta cuanto menos gracioso que sea yo quien afirme esto, que odio profundamente las comedias románticas norteamericanas y su concepto del romanticismo...sin embargo, la comedia o drama francés lo tratan de tal manera que hacen que vuelva a creer que el romanticismo es algo más que un movimiento artístico y literario decimonónico....), mantiene una tensión in crescendo durante toda la cinta, una pasión tan arrolladora como contenida, ....implosionando, en lugar de explosionando. Muy sentida dentro de lo cotidiano, hiperrealista, honesta y sin endulzar. Como a mí me gusta.

Sigo con un auténtico capricho, debilidad que debo confesar por Audrey Tatou (la inolvidable Amélie), ya que veo sistemáticamente cada película que protagoniza por el simple hecho de admirarla llenar la pantalla y disfrutar de su elocuente mirada y su embriagadora sonrisa,...con la suerte, además, de que a mi juicio está sabiendo elegir muy bien sus papeles. Recién estrenada en nuestro país, La délicatesse (La delicadeza) se puede disfrutar en las salas de cines menos palomiteras.

Yo, que tengo una extraña fijación con los títulos, considero que no se podría haber escogido mejor título para esta obra, que parece escrita pensando en Audrey Tatou. Simplemente deliciosa, en esta "dramedia romántica", la tragedia se sobrelleva con pinceladas de humor exquisitas y en su justa medida, sin regodearse en el dolor de sus protagonistas, el romance destila sensibilidad y las emociones se suceden sin apelar al juego macabro, al cliché ni al lacrimal del espectador, sino que precisamente sobrecoge por su respeto y su tempo, pellizcando constantemente en la garganta, en el estómago,...en el corazón.

Mención aparte merecen el trabajo de François Damiens en su papel de "sueco" que, pese a lo que pueda parecer, personifica la verdadera delicadeza del film, y la secuencia final: imaginativa, divertida, tierna, sugerente, mágica, hasta entrañable, un canto a la imaginación y la creatividad, incluso de una manera torrencial, que nos hace partícipes del juego de sentimientos encontrados y contradictorios de los protagonistas.  Para deleitarse en todos los sentidos.

Y como broche final, me emocioné y vibré con la que seguro es la más comercial de todas...ojalá fuera así el cine comercial... Hablo de la increíble Untouchable (Intocable).

No sólo cuenta una historia real, sino todo un canto a la vida y a la amistad sincera y bien entendida, de la que se gana día a día, no dándola por descontado. Tragicomedia o, mejor dicho, comedia trágica, en lugar de cebarse con el drama personal de cada uno de los personajes, agudiza el ingenio con delirantes diálogos y un acertado toque cómico, que arranca carcajadas y emociona por igual, sin condescendencias ni derramar ni una lágrima durante todo su metraje. Bravo por ello y por los ejercicios de funambulismo de sus directores, que teniendo una materia prima con un alto contenido de sensiblería y llorera (discapacidad, marginación social, contraste pobre-rico, familias desestructuradas, pérdidas, amores ¿imposibles?, frustraciones....), han logrado obrar un ingenioso equilibrio en virtud del cual tan pronto como se te saltan las lágrimas acude a tu rostro una sonrisa y un asentimiento cómplice.

Sublime  y colosal el tándem protagonista, vulnerables por separado, pero juntos son invencibles, intocables. Hay que dar gracias por las dosis de optimismo que inyecta esta película, del que tan necesitados estamos hoy día, y un final que pone los vellos de punta y deja con ganas de más, de mucho más. Maravillosa.

¿Qué me decís?¿habéis visto alguna de estas películas?¿Compartís mi gusto por el cine francés?¿Cuál me recomendaríais?

Gros bisoux francisés de " La Corde" (La Maroma  en francés...)

PD: ¿Acaso pensábais que hoy no iba a haber anécdota del trasto de las tecnologías? Cómo defraudar a mis seguidores...pues, si logro publicar esta entrada, será que a la tercera fue la vencida, porque se me ha borrado dos veces el post justo en el momento de subirlo, y lo he tenido que reescribir otras tantas....

lunes, 9 de julio de 2012

De fiebres y otros calores...


No, querida blogosfera, esto no ha sido un amago de blog ni una fiebre por mi parte...sigo aquí, con las mismas ganas y fuerzas que al principio, y no os imágináis (en adelante, me permitiré el lujo del tuteo, pues, al fin y al cabo, pretendo encontrarme entre amigos) lo que me apena tener que empezar mi tercer post pasada semana y media desde el último y con excusas, pero sinceramente, no puedo hacerlo de otro modo, y es que se me han juntando varias cosas y me ha pasado de todo...conforme me vayáis conociendo os daréis cuenta de que esto es muy habitual en mi, y que la frase que más escucho sobre mi es esa de "es que lo que no te pase a ti...".

Habréis pensado que desde que recibí a mi maromi me fui con ella a maromear y no hemos parado, hasta el punto de que el blog ha pasado a un segundo plano, y si bien lo del maromeo es verdad, en cuanto al blog ha ocurrido más bien al contrario, desde que se lo dí a conocer he contraído un mayor compromiso con el mismo, si cabe.

Cierto que durante el fin de semana estuve bien centrada en el disfrute de mis maromeos personales, los cuales me hubiera gustado plasmar casi en tiempo real en este espacio, pues han dado mucho de sí, ya que me ví atacada por varias fiebres:

Por supuesto, la fiebre de la roja y la Eurocopa, aunque ya esté todo dicho y extemporáneamente, no puedo dejar de mencionar el partidazo, pues, aunque no me gusta el fútbol (es más, debo confesar que incluso le he cogido manía a dicho deporte gracias a un ex-novio...), pero cuando juega una final España no me la pierdo, y en mi caso, incluso tenía más emoción, ya que lo estaba viendo con mi maromi, cuyo novio es italiano...¡Qué bien me lo pasé con el partido!

Pues nada, sirva este pequeño inciso para dar mi humilde enhorabuena a los jugadores de la Selección Española por la victoria, sin duda la merecieron y fueron un ejemplo de juego limpio y deportividad.


Por otra parte, también sufrí una fiebre del sábado noche, en toda regla....de esas conversaciones que empiezan por casualidad y como quien no quiere la cosa (aunque hay que reconocer que la predisposición de ambas partes era palpable) empieza a subir el voltaje y la tensión sexual no resuelta (o más bien reprimida) y acaba tan cargada de contenido erótico que hubo de ponerle fin con una duchita fría...aún me parece un poco pronto postear relatos eróticos (que bien que los leo y escribo, que conste...), pero considero que aún no tengo suficiente confianza con la blogosfera, y que además hay más aspectos e historias sobre mí que debo contar primero... todo se andará. Lo que es seguro que ya tengo (en realidad, siempre lo tuve) ilustrador para mis historias, sean eróticas o no... Ya iré desgranando el asunto, que buena tela que tiene para cortar...

Pues bien, después de un unos días tan tórridos y entretenidos, en el que la protagonista de las portadas de las noticias en televisión (con permiso de La Roja) ha sido la ola  de calor que arrasó La Península Ibérica (no sé si será debido a que yo, nacida en Córdoba y después de muchos años de vivir en Sevilla, estoy más que acostumbrada al calor sofocante- o como decimos en el sur, las calores, pero me pregunto ¿désde cuando es un hecho noticiable que haga calor en verano?¿o que haga frío en invierno?...en fin, supongo que entrarán a formar parte de las preguntas sin respuesta...)

Tal ha sido la temperatura por estos lares, y la fiebre literaria que me ha subido estos días, que mi pobre portátil no ha podido aguantar más los "calentones" a los que lo he sometido, y me falló el disco duro, o mejor dicho, "petó"...


Así que el pobre ha tenido que pasar otra vez por la UVI...menos mal que el informático al que se lo llevo es muy competente y trabaja rápido y fenomenal, pero aún así, el pobre mío no se ha librado del formateo...otra vez...y ello, con la consiguiente pérdida de todos mis datos, documentos, imágenes...menos mal que suelo ser precavida y regularmente guardo copias de seguridad de todo, porque conociéndome, la que puede acabar infartada en la UVI soy yo con los sustos que me llevo con estas cosas, pero en esta ocasión la última copia de seguridad se hizo una semana antes del triste acontecimiento, y  da la casualidad de que justo esa semana había trabajado febrilmente en mi novela, por lo que he perdido algunos capítulos...no es que sea una pérdida irreparable, pero es grande la impotencia que siento, no puedo evitar un ligero desánimo y la sensación de que lo que reescriba no será tan bueno como lo que tenía escrito, o que no me voy a acordar palabra por palabra...en fin, que no cunda el pánico, hay cosas mucho peores, desde luego.


Sé que ello no sería excusa para abandonar el blog,...¡ni que mi portátil fuera el único ordenador de la tierra!, pero lo cierto es que precipitadamente me ví montada en un avión rumbo a Barcelona por motivos de trabajo (mi profesión y actual situación laboral también merecerán un post aparte...), y entre el poco tiempo libre que he tenido durante toda la semana, que no he sido capaz de encontrat una conexión a Internet medianamente decente , y que, aunque para algunas cosas soy muy previsora, no lo fui para dejar programados los post...pues eso, que soy un desatre y así me veo, con el blog desactualizado y un tercer post explicatorio de mis cuitas y excusas varias...intentaré que no se vuelva a repetir, al menos es mi deseo...así que vayan por delante mis disculpas y mejor propósito de enmienda a este respecto.

¿A alquien le pasa igual que a mí?¿a veces os parece que basta que algo os interese para que todo se confabule en contra?

Con cariño, La Maroma "hackeada".